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Francisco Solano López

  • Foto del escritor: RESURGIR
    RESURGIR
  • 11 abr 2018
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 19 abr 2018

Por Ernesto García


Primera parte de una reseña histórica fundamental para comprender el mapa geopolítico de la actual América del Sur.


El 1º de marzo de 1870, con poco más de cuarenta años de edad, daba la vida por su Paraguay amado, su Presidente, el Mariscal Francisco Solano López. Con su muerte terminaba la llamada Guerra de la Triple Alianza, también conocida como Guerra de la Triple Infamia o Guerra del Paraguay. Pero algo mucho más profundo terminaba con la muerte de este prócer legendario. Finalizaba el primer intento de construir un país independiente en la América del Sur, sin necesidad de tutelas extranjeras ni otro mandato que el del propio pueblo guaraní.

Esta guerra, diría el historiador argentino José María Rosa, fue el epílogo de un drama cuyo primer acto, la batalla de Caseros (librada casi 20 años antes, en 1852, en tierras de lo que es hoy el Gran Buenos Aires), obligó al Gobernador de esa provincia argentina, Brigadier General Juan Manuel de Rosas, a renunciar a su cargo de "Jefe de la Confederación Argentina en su carácter de gobernador a cargo de las relaciones exteriores y de la defensa de su territorio por delegación de las provincias que la conformaban". El segundo acto de dicho drama fue la batalla de Cepeda, librada el 23/10/1859 con ribetes de tragicomedia, visibles en el Pacto del 11/11/1859, inexplicable desde el punto de vista de la Confederación, vencedora real en la batalla contra el secesionista Estado de Buenos Aires. El tercer acto del drama fue la batalla de Pavón, sucedida dos años después de la de Cepeda, en la que el Gral. Urquiza abandona el campo, dejándolo en manos del Gral. Mitre, a quien había derrotado. El cuarto acto lo configura la hecatombe de gauchos que siguió a Pavón: la invasión del territorio de la República Oriental en 1863 por el militar uruguayo Venancio Flores desde territorio argentino y propiciada por el gobierno de Mitre, presidente desde 1862, así como la alianza de éste con el imperio brasileño. Y el quinto y último acto fue la agonía del Paraguay entre 1865 y 1870, junto con la revolución (o guerra) montonera argentina entre 1866 y 1868.


Con la llamada "Guerra del Paraguay" finalizaba el primer intento de construir un país independiente en la América del Sur, sin necesidad de tutelas extranjeras ni otro mandato que el del propio pueblo guaraní.

De"ocaso de la nacionalidad" califica el mismo historiador a esta tragedia de casi 20 años que impidió la integración de buena parte de la otrora Sudamérica española.


Un poco de historia


Es importante remontarnos a los conflictos territoriales que se habían creado entre las coronas portuguesa y española desde el siglo XVI para entender la genealogía de esta conflagración. Con la llegada de la corte portuguesa a Río de Janeiro a comienzos del siglo XIX, escapando de la entrada del ejército napoleónico en la península ibérica, se exacerba una situación que desencadena la llamada Guerra del Brasil, aparentemente terminada con el triunfo de las armas de las Provincias Unidas en Ituzaingó (febrero de 1827). La escalada recomienza después de instalado el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego, en agosto de 1827, y, más tarde, cuando ocupa tal cargo en 1829, Juan Manuel de Rosas, quien contesta a la política separatista del Imperio alentando insurrecciones en Río Grande del Sur entre 1835 y 1845 y otras agitaciones localistas ( Pernambuco en 1849,  Minas Gerais y Río de Janeiro). La culminación de este estado de cosas es la declaración de guerra de la Confederación Argentina contra el Imperio esclavista que termina con la batalla de Caseros, en 1852 y la derrota de las fuerzas de aquélla, gracias a la captación del Gral. Urquiza, jefe del ejército confederado por parte del Imperio, a partir de ofrecimientos monetarios financiados por el banquero barón de Mauá; financista que dedicó gran parte de su su vida a servir al Imperio del Brasil, al punto que su muerte, producida en 1889, coincide con la caída del Imperio.


   Volviendo a la historia del Paraguay, fueron tres los gobernantes que rigieron los destinos del  país hermano: casi desde el inicio de la vida independiente de esta nación y hasta su muerte en 1840, lo gobernó José Gaspar Rodríguez de Francia. Fue seguido por el Dr. Carlos Antonio López, Presidente de la República hasta su muerte en 1862. Ese año, el Congreso designó como su sucesor a su hijo, el Mariscal Francisco Solano. Los dos primeros fueron los constructores del Paraguay independiente y autosuficiente. Al cabo de la Presidencia del segundo, la nación paraguaya mostraba una prosperidad que la preservaba de complicaciones internacionales. Suyo era el mejor ejército de Sudamérica, con 18000 hombres sobre las armas y 40000 reservistas, junto con la fundición de hierro de Ibicuy, que fabricaba cañones y armas largas. Por otro lado, la oficialidad de ese ejército seguía en Europa cursos de adiestramiento. Paraguay había organizado bajo los gobiernos de Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López una economía caracterizada por inmensos yerbatales y tabacales que abastecían casi todo el consumo del sur del continente. También bosques que producían maderas valiosas que se exportaban a Europa a precios considerablemente altos. En su mayor parte, eran bienes del Estado, pues el comercio exterior estaba casi bajo su exclusivo monopolio y era superavitario. La propiedad privada era escasa en ese país con una población de casi un millón y medio de habitantes, semejante a la de su vecino Argentina, pero con una superficie considerablemente menor. La tierra era casi totalmente pública. Los pocos propietarios eran paraguayos nativos, ya que legalmente los extranjeros tenían impedido el dominio del suelo. Tenía ferrocarriles, una numerosa flota mercante que navegaba ríos y mares como el Atlántico y el Mediterráneo, y un telégrafo unía Asunción con Humaitá y Paso de la Patria. Era, según Rosa, un verdadero estado socialista aquella república. Decía el cónsul británico Henderson en 1855 que la mayor parte de la propiedad rural era del Estado, perteneciendo al gobierno las mejores casas de Asunción, así como valiosas granjas de cría y agrícolas en todo el país. A todo lo dicho, debe añadirse que varios edificios de Asunción han sido construídos por arquitectos de renombre - Ravizza, Taylor y Moyniham-. Se habían desarrollado la instrucción primaria, media y superior y algunos de los estudiantes destacados eran enviados a universidades europeas a perfeccionar sus estudios de derecho, medicina, ingeniería o humanidades. Finalmente, debe agregarse que la república no tenía deuda alguna con el extranjero.


Acuarela del Brasil


Con la caída de Rosas, en 1852, se produce un paulatino crecimiento de la hegemonía brasileña. El arquitecto de ésta tiene nombre y apellido: Honorio Hermeto Carneiro Leão, jefe indiscutido del partido saquarema en el siglo XIX, represor eficaz de los tumultos " socialistas"  de Pernambuco, diplomático en el Río de la Plata durante la caída de Rosas y Jefe del gabinete brasileño de la "conciliación" (entre saquaremas y luzias) después de Caseros (desde el 6/9/1853 hasta su inesperada muerte sucedida el 3/9/1856).

Sus sucesores (del mismo partido) no atinaron a encontrar la política a seguir. Hacia 1860 resurgen los luzias abatidos desde 1848 pero no cuentan con el beneplácito del emperador Pedro II, por lo que retornan los saquaremas: el viejo marqués de Olinda, alejado por el fallecido H.H.C Leão, consigue que el emperador le entregue el gobierno en mayo de 1862.  Forma el gabinete "dos velhos" (de los viejos) y en la cartera de Negocios Extranjeros nombra al marqués de Abrantés, quien no abandonó sus sueños de recobrar la República Oriental para el Imperio, borrando la derrota de Ituzaingó. De un profundo prontuario expansionista, que databa desde 1830, cuando era canciller de Pedro I, al marqués no le fué bien. Ahora se “puso al hombro” conseguir el derrocamiento del presidente uruguayo Bernardo Prudencio Berro. Al mismo tiempo, desde Buenos Aires se prepara la invasión de Venancio Flores al Estado Oriental, mientras el presidente Mitre daba falsas “seguridades de neutralidad”.

El presidente paraguayo Carlos Antonio López aseguraba al ministro oriental en Asunción, Juan José de Herrera que mitristas y brasileños tendrían que vérselas con Paraguay si osaban avanzar sobre el Estado Oriental.

A pesar de la opinión del barón de Mauá, que se oponía a las guerras decididas por los gobiernos argentinos y brasileños que él financiaba desde su poderoso banco, todo fue ocurriendo tal como lo querían Abrantés, Flores, Mitre y Pedro II: se produjo la invasion al Estado Oriental en 1863, el sitio y bombardeo por la escuadra imperial de la heroica Paysandú, en 1865, a pesar de la resistencia de su pueblo, cuyo jefe, el Coronel Leandro Gómez, terminó asesinado en sus calles y, finalmente, la agresión a Paraguay por el trío formado por el imperio esclavista brasileño, la Argentina mitrista y el Uruguay de Venancio Flores.

El desenlace de estos sucesos se verá en la próxima entrega.


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